jueves, agosto 13, 2009

Hay que irse, siempre, antes que el olvido.
El costado del edificio es tan gris y tan alto como el cielo y crea un efecto extraño y bello. Una hilera de ventanas flacas y altas cuelga, o flota, suspendida de la nada. Me inquieto un poco.
Cerró los ojos con la misma ternura suave de aceptar que un amigo nos cuenta otra vez lo mismo que ya nos dijo la última vez. Tocó la mesa y arrastró la palma de la mano juntando las migas de las tostadas. Todo era suave y cálido. Sin embargo, afuera estaba el resto del mundo.

sábado, agosto 08, 2009

Acaso no haya nada.
Tan solo tu recuerdo.
Estas a cinco pasos.
Estas a tres segundos.
Que ganas que no exista recuerdo, pan, segundos.
Que ganas de encontrarte a sólo cinco pasos, a dos segundos breves.
Tal vez ya no haya nada.
Distancia, tiempo, olvido.
Dar vueltas por la casa; por diez palabras secas.
Repetir hasta el olvido: segundo, tiempo, olvido; paso, encuentro, breve; olvido.

lunes, julio 20, 2009

lunes, julio 13, 2009

Escalera verde

No deja de ser paradójico que, de entre todas las cartas de amor que guarda escondidas entre los libros, no haya ninguna de Edith.
Justamente ella. La única que compartía su gusto por los libros, la que lo había inivçciado en Onetti. Y en tantas otras cosas.
Cada tanto encontraba, estrictamente al azar y sin memoria, algún papel doblado, duro, amarillo, ilegible. En ese momento sentía una seguridad endeble, como de mazo de naipes.
Alguna vez tuvo la voluntad o el desapego de romper y tirar alguna esquela, una foto, un email impreso.
Pero la verdad es que le gustaba encontrar, entre dos páginas insospechadas, esas otras letras.
A veces se dejaba llevar por la melancolía aguada de las cosas que todavía no ocurren. Entonces recordaba el momento futuro cuando le dijera adiós al patio donde leía junto a las sandalias, debajo de la escalera verde que lleva al altillo.

sábado, junio 20, 2009

El argumento del miedo

Uno
Gripe porcina, aviar, marea roja, dengue, dunga dunga, h1n1 –hundido–, Y2K, 29J, ellos o nosotros, nosotros o el abismo, la bestia del abismo, la Bestia del Abismo. El origen de los fondos de la campaña, el origen de las llamadas de Segovia. El pasado, el futuro.
Desempleo, recesión, suba del dólar, del Euro, del Real (Madrid), los índices que indica el Indek, robos, asesinatos, sicarios, la noche.

Dos
Crisis, despidos privatización, ajustes, muertos, quiebras, inseguridad, caos, apocalipsis
El elefante Trompita mató a Kennedy, a Cabezas y al policía que hacía adicionales en el puticublub de Mendoza y Maipú.
En el lugar donde se calcula quién gana las elekciones, está todo calculado. Lo dice quien está a cargo. Habrá que creerle. Y quedarse tranquilo.

Tres
Si por error y moda presiono CONTROL (error, tenía que utilizar SHIFT) + K (moda, ahora todo es K), las letras se inclinan hacia la derecha.
Me quedé pensando.

Cuatro
La noche de San Martín y Mendoza tiene olor a marihuana.
La luna de Tucumán y Ecuador está en silencio. La de Tucumán y San Martín, no.
Existe un solo miedo. Miedo a perderte.

viernes, mayo 29, 2009

Cada uno

Arrancó las hojas con pulgones.
Pensó que tener una planta con pulgones era como querer a alguien. Conocer a esa persona y quererla con sus defectos, como a la planta con pulgones.
Pensó que se puede ayudar, de vez en cuando, sacando algunas hojas con pulgones de la planta, para que la planta no se enferme por completo. Pero la eliminación completa de la plaga debería hacerla la planta. Era igual que con la gente. Cada uno con sus pulgones. Que con gusto no pican.
Mientras barre las hojas del patio, trata de acordarse del libro que había leído antes. “El primer alrededor es el último, después del segundo. A menudo, dos mas dos son cinco”.
Hacía calor húmedo.
La casa estaba silenciosa.
El día se fue arrugando de a poco, ajándose.

sábado, mayo 23, 2009

Un domingo, hace tiempo

Y de repente el primer tintineo, ni falso ni feliz, de las piedras que cuelgan de la ventana.

Apenas un poco menos que modesto.

Apenas para decir que se levantó viento sur. Y que eso significaba otro tintineo, casi simultáneo, en el celular de ella. Y la farsa del amor perdido.

Él –el otro– nunca la había querido. Eso lo sabía desde el principio. Pero ella necesitaba aferrarse al simulacro. Por eso él –que no era el otro– toleraba los mensajes que interrumpían el leve tránsito de la mañana de domingo.

Hubo otros tintineos en esa mañana casi perfecta.

Pero él –que no era el otro, apenas sí mismo– no les prestó atención.


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